Era de noche cuando las nubes empezaron a acariciar el dulce campo de trigo, una fria brisa empezó a mecer las espigas, estas lo agradecieron, pues hacia mucho calor. El cielo se dió cuenta de que algunas espigas estaban faltas de agua, y aunque las espigas no la querian, este se la concedió.
La lluvia empezó a caer con fuerza, y la suave brisa se convirtió en un potente viento, que mezclado con la lluvia rompieron algunas espigas, el cielo se dió cuenta de su error, y se fue a llorar a otra parte.
Pero todas las noches el cielo se acuerda de aquella noche y de aquel campo de trigo, al que debe de recompensar.
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