domingo, 18 de abril de 2010

En noches de calor estivales
me gusta despegarme de la cama,
abrir la ventana,
mirar las pupilas de las estrellas,
e imaginar que hará el resto del mundo en ese momento,
me invento historias,
pero todos duermen en sus ataudes,
al igual que todos se levantarán,
como un ejército, ordenados de forma inconsciente,
preparados para hacer que viven no para pensar,
muertos que caminan por caminar y viven por vivir,
compran su felicidad en pequeños frasquitos
donde guardan sus lágrimas.
al final de la noche me acuesto pensando
por qué tendrán miedo a vivir.

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