Corramos, dejemos atrás todos los muertos,
mutemos en crisálida y dejemos de ser gusanos.
Cuando salgamos de la lágrima amarilla,
seremos niños pequeños,
nada importará,
solo el verde de tus ojos.
Podremos soplar dientes de león
en el crepusculo,
para por la mañana dormir libres.
No hay nada malo, los soñadores lo sabemos,
podríamos acabar con la existencia de lo muertos,
y Dios no nos podría castigar.
¡Seamos niños!
¡Desnudos ahora! ¡corramos!
Por la sonrisa de la noche,
saltando en sus blancas pupilas,
desnudos por supuesto.
Sintamos lo eterno
aunque sea de forma efímera,
para cruzar tranquilos el mar verde
del que nos obligaron salir.
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